miércoles, enero 21, 2009

Buscando a Odín


Recuerdo haber salido muy temprano por la mañana, caminar y caminar por una ciudad casi desértica de madrugada. Recuerdo no haber visto a nadie en mi camino, un vector que me conduciría hasta vos; un inicio incierto y un final -si es que un vector lo tiene- más fortuito aún. No recuerdo más, o sí… tu sonrisa como bienvenida, tus labios en un raro mohín diciendo palabras inentendibles. Tu sonrisa, al fin y al cabo, dada vuelta.



-Baraje lentamente, piense, abóquese a la pregunta que desea formular, piense una y otra vez en la situación que desea ver; baraje y descruce las piernas. No, no es necesario rezar, tampoco se santifique hombre, ¡por favor! Solo piense en una pregunta, deje el mazo sobre la mesa y corte tres veces. Vuélvalas a juntar en el orden que quiera y saque cuatro cartas que vamos a formar una cruz. No sea tan preciso, la cruz es un símbolo muy poderoso igual, aunque no sea perfecta.

A la izquierda el diablo, presente, ahí estás, puro instinto y locura. Tu razón se fue, ¿por donde está muchacho? ¿En la carta de arriba, pichón? Ella es la emperatriz. La fuerza de la naturaleza está de tu lado. Podes fecundar o ser fecundado. Lo importante aquí es la impregnación, la creación de la naturaleza. También puede significar una señora o señorita muy avivada cerca tuyo. Carta tres: la luna, tal vez no debas pasear de noche ¿Dónde te lleva el diablo por la noche. ¿Lo ves? ¿O solo perseguís su cola? Si continuas caminando por este rio, casi como un mesías, soportando el aullar de esos perros que ves acá, ves, estos perros lobos, ladran y ladran si parar, un arrullo endiablado… Ves en el diablo también hay dos figuras; un hombre y una mujer encadenados… Tenés una cadena pichón que no te podés sacar… tal vez de noche es cuando podes hacerlo, y venís acá, a que te echen la suerte, esa que los otros te quitaron. ¿Quiénes? Los muchachos, hay hombres en tus cartas… La última es el colgado. Te vas. Te vas muy lejos, con el alma, sin el cuerpo, un viaje largo. Veo que volvés; volves para llevarte el cuerpo. Ese al que le habías sacado el Eros… ¿donde lo dejaste querido? Allí… ¿en esa mujer?, por más que ella esté fecundada, al estar tan cerca del diablo... ¡ay! es una broma, no te jugó una mala pasada. Donde estás pichón, a donde vas.



Cinco de la mañana, camino por la avenida Rivadavia de esta gran ciudad. Estoy cerca del hotel, de este lugar de una estrella de categoría. No necesito más. Una estrella que alumbre el camino por la noche, tan negro como los ojos de las vacas. Otra vez pienso en casa. Hay algo similar en estos tonos de negro, la noche de la ciudad y esa miradas profundas, túneles y desiertos, que me llegan cuando me acerco y les doy de comer. Aunque en la ciudad, cuando no pasa ningún auto, todo es tan oscuro.

1 comentario:

Anoushka dijo...

Qué noche y ese diablo...

¿En donde estás pichón?